Díganme Ringo en las manos de Ezequiel Fernández Moores

Cuando uno compra un libro, nuevo o usado, siempre hay un par de hojas en blanco antes del comienzo de la obra, una invitación silenciosa que permite sumar de forma manuscrita una historia al ejemplar.

No todos somos geniales a la hora de escribir un par de líneas, que en algunas ocasiones se garabatean de compromiso. Nunca me puse a reflexionar con profundidad este tema hasta que conseguí un viejo ejemplar de la biografía del boxeador Oscar Bonavena, Díganme Ringo, del periodista Ezequiel Fernández Moores.

Díganme Ringo

Su primera hoja en blanco contaba con una dedicatoria fechada en diciembre de 1993 firmada por Diego Korol. ¿Cómo había llegado ese libro a mis manos? La respuesta era algo previsible: el regalo había sido vendido, luego de un exhaustivo careo hilarante entre el periodista, su amigo Marto y quien escribe estas líneas en el programa Al Ataque en Radio TKM.

Luego un misterioso contacto recuperó el preciado ejemplar, con el objetivo de recomponer las relaciones entre Korol y Marto. Todo fue a cambio de otro ejemplar de Díganme Ringo, que podía venir con el plus de una dedicatoria de su autor. Pero no quise poner obstáculos en objetivo que se había impuesto este reservado enlace.

Díganme Diego

La dedicatoria que inició la desopilante historia. Y tenía que pasar con la biografía de Bonavena

Nada se termina hasta que se termina

Lo más usual y corriente es que la obra de un autor sirva de inspiración. No es usual que una dedicatoria sea el punto de partida de la increíble historia de un libro vendido y recuperado diecisiete años más tarde.

Creía que la historia estaba cerrada, que el libro volvió a las manos de la persona que nunca debió dejar partir el obsequio, y punto. Como en Rocky Balboa, la última película del retirado boxeador interpretado por Sylvester Stallone, nada se termina hasta que se termina.

Como si intentara revivir desde sus viejas hojas amarillentas, Díganme Ringo busca agregar otro post más para esta historia. Luego de cubrir el Mundial de Fútbol de Sudáfrica, Ezequiel Fernández Moores descubrió la curiosa historia que involucra a la biografía de Bonavena, Diego Korol y Marto en este humilde blog.

Ezequiel Fernández Moores

Momento cumbre del encuentro: Díganme Ringo en las manos de Fernández Moores

Una semana más tarde nos encontramos en la redacción de ANSA, comentando los pasajes más divertidos sobre la curiosa y accidentada dedicatoria de Diego Korol. No quedaron al margen aquellas historias que involucran a Oscar Bonavena: su encuentro con un joven Héctor Timerman como director en la redacción del diario La Tarde en la década del 70, o el reciente estreno de la película que Hollywood refleja los últimos meses del púgil en Estados Unidos.

El tiempo es tirano, incluso cuando uno conoce de forma personal al columnista que uno disfruta semana a semana, y por eso me apresuré para despedirme. Sin embargo, no podía dejar sin firmar este ejemplar de Díganme Ringo.

Me pide que no me demore en sacarle las fotos. “No es por nada en especial. Bah, viste como son en las redacciones, después no van a dejar de cargarme”, explica entre risas.

Con una mano salvadora, la blanca hoja del libro revive otra vez con un feliz destinatario, y recibe una unas palabras para cerrar el círculo que inició Bonavena. “O para abrirlo -nunca se sabe- con una dedicatoria. Enorme abrazo. Ezequiel”.

La dedicatoria

¡Gracias Ezequiel por ser partícipe de esta inesperada e insólita historia!

La historia de una accidentada dedicatoria en tres post

  • Díganme Tomyto: Cómo encontré el libro de Ezequiel Fernández Moores con la dedicatoria de Diego Korol
  • ¿Quién es Marto? Diego Korol responde: el hilarante careo del periodista y su amigo en su programa de radio
  • Final feliz para el libro de Bonavena: el ejemplar con la accidentada dedicatoria vuelve al cumpleañero

  • Objetivos

    HANK - BUKOWSKI

    “Y escribir es el noventa por ciento de mí mismo. El otro diez por ciento es esperar a escribir. ¿Entendido?

    Charles Bukowski, entrevistado por Fernanda Pivano, en “Lo que más me gusta es rascarme los sobacos”


    Think Bukowski: el lado oscuro de la Mac

    ¿Recuerdan la campaña publicitaria de Apple con Lennon, Einstein o Picasso, entre otras grandes figuras? Me hubiera encantado ver un afiche con nuestro querido Hank (uno de mis autores preferidos) junto a su Mac, como en esta foto.

    “Viejo escritor se pone suéter,  se sienta, sonríe a la pantalla de la computadora y escribe sobre la vida. ¿Cabe mayor solemnidad?”

    Dudo que sea la imagen prolija de una celebridad para Apple. Pero los últimos años de Charles Bukowski no se encontraron delante de una máquina de escribir. Como viejo transgresor que era, se dedicó a plasmar sus trabajos desde una computadora.  Siendo más precisos, una Macintosh IIsi, según  relata el diario del último escritor estadounidense maldito, en El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco.

    De seguir vivo, ¿Charles hubiera accedido a tener un bloc? ¡Si cualquier boludo tiene un bloc!

    Apple Macintosh IIsi
    Esta es la Macintosh IIsi que utilizó Bukowski, ¡y tenía pantalla azul incluída!

    En uno de sus “posts” de su diario, Hank cuenta cómo perdió un capítulo entero luego de una noche prolífica. “Un fogonazo de luz azul, y las muchas páginas que llevaba escritas se esfumaron”, detalla el escritor.

    “Consulté a algunos expertos informáticos sobre el fogonazo azul, pero ninguno de ellos supo decirme nada. He descubierto que la mayoría de los expertos informáticos no son muy expertos”. Y eso que Bukowski lo decía en 1991.

    En fin, inesperadamente, este post va dedicado a todos los técnicos informáticos ineptos (yo he sido uno) que recorren las oficinas con el listado de los problemas que tienen los usuarios con sus computadoras.


    Me lo contó un pajarito: conversaciones sobre boxeadores y chicas intelectuales

    Escuchar las conversaciones ajenas en los bares y cafés es una actividad irresistible. A veces es inevitable, como si las personas que discuten, critican o comparten sus historias tuvieran la necesidad de querer incorporar a oyentes anónimos.

    Y en todo esto, entra Twitter, ese pajarito azul que canta en 140 caracteres. Una conversación registrada al pasar por @pm_fernandez relata esas charlas curiosas de café:

    “Sra preocupada pq su hija que hace un doctorado se engancho con un boxeador barra de River #enelcafe”

    ¿Será Miguel Angel Cotto, el boxeador puertorriqueño fanático de River Plate? Esta risueña conversación me trajo a la memoria las frases del boxeador argentino más ocurrente: Oscar Bonavena.

    Hace poco terminé de leer Díganme Ringo, un recorrido periodístico muy interesante realizado por Ezequiel Fernández Moores, y cuyo ejemplar impreso tiene una historia muy particular que ya he contado en el blog.

    En uno de sus capítulos, Bonavena define el perfil de mujer que le fascina:

    “A mí me gusta la mujer sexy, medio degeneradita. Bueno, enténdeme bien: que lo sea conmigo. No con los demás. ¿Sabés cuáles son las más degeneraditas? Las intelectuales, y te lo digo por experiencia. Tal vez porque estudian mucho se les degenera la mente.

    Oscar Bonavena, en su mítica pelea contra Cassius Clay, en el Madison Square Garden

    ¿Será el caso de esta futura doctora? No lo sabemos, como miles de conversaciones que escuchamos en los cafés porteños, y cuyo final desconocemos.

    Esta vez, siendo testigos ajenos de una charla que nos contó un pajarito azul en 140 caracteres. No como Bonavena, que tenía otro cantar con su voz aflautada, y que no dudaba en anotarse en todas.


    ¿Quién es Marto? Diego Korol responde

    ¿Qué tienen en común Oscar “Ringo” Bonavena, Ezequiel Fernández Moores, Diego Korol y Joaquín Sabina? A simple vista, nada.

    Como les conté en el anterior post, una de mis últimas adquisiciones literarias es la biografía que escribió el columnista de canchallena.com sobre el boxeador fanfarrón de Parque Patricios. Dicho ejemplar, que no dejó de tener sus particularidades dada la dificultad de buscar un título editado en 1993, vino con curiosa dedicatoria que realizó el conductor Diego Korol a un tal Marto hace diecisiete años.

    Luego de publicar la anécdota, envié un mail a la producción del programa de radio “Al Ataque”, que se emite de 6 a 9 por la FM TKM 103.7, para tratar de constatar la autoría de la dedicatoria.

    En la mañana de hoy me llamaron y sali al aire en el programa de Diego Korol junto a su amigo Martín “Marto” Alfiz, quien recibió el regalo a fines de 1993. Y entonces, ¿cómo llegó el libro “Díganme Ringo” a mis manos?

    Les dejo los audios para que escuchen cómo se supo quién era Marto, el destinatario de la dedicatoria perdida en una biblioteca de libros usados en San Telmo. :)

    Parte 1/2 de “Al Ataque”, Radio TKM 103.7:

    Download: al-ataque-radio-tkm-103.7-%281-2%29-diego-korol

    Parte 2/2 de “Al Ataque”, Radio TKM 103.7:

    Download: al-ataque-radio-tkm-103.7-%282-2%29-diego-korol

    Se preguntarán entoces qué tiene que ver Joaquín Sabina con todo esto.  Bueno, Alfiz es el productor responsable de traer a la Argentina al cantante español.

    Ya me parezco a Alejandro González Iñárritu, el director de Babel, esa película calificada por los críticos como cine choronga, que cruza varias historias que, en apariencia, no tienen puntos en común.

    PD: No pienso arrancar la dedicatoria del libro, y no lo vendo. Si consiguen otro ejemplar (con o sin dedicatoria) hacemos el canje :)


    Díganme Tomyto

    Comprar libros usados tiene su magia. Me rememora épocas en las que compraba CDs de bandas “one hit wonder” en la década del 90. Encontrar la figurita difícil, fuera de los circuitos comerciales. Nada de Nirvana o Pearl Jam. Hablemos de Live, una ignota Alanis Morissette, Poe o Collective Soul. Si, hace quince años, en pleno apogeo del grunge alternativo. Oh, por dios, sueno como si fuera Abraham Simpson. En fin.

    Una tarde de sábado me puse a buscar, una vez más, la biografía de Oscar Natalio Bonavena, escrita por el periodista Ezequiel Fernández Moores. Lo encontré, y por supuesto, oferté de inmediato.

    Era un ejemplar difícil de ubicar como para dejar pasar la oportunidad.

    Díganme Ringo

    Al comprar un libro usado uno tiene que tener en claro que el antiguo dueño se desprendió del título por algún motivo. Muchas veces, de forma impune o simplemente por olvido, sólo las amarillentas hojas no delatan al propietario de dicho libro.

    Sin embargo, en esta ocasión, “Díganme Ringo” vino con una extensa dedicatoria, escrita un 24 de diciembre de 1993. Tenía trece años, oh, ¡sueno otra vez como un abuelo! Y dice:

    24/12/93 (En realidad 26)

    Marto:

    Te regalo este libro porque fue el único que encontré con una hoja en blanco para escribirte.
    Hay un pequeño problemita. Si lo llegás a tener me lo meto en el culo, porque con esta página garabateada no se lo cambio ni a Don Aila.
    Aprovecho este momento de dicha sobrenatural para desearte un muy feliz cumple, un mejor año y un campeonato para Estudiantes (aunque sea el Nacional B)

    Y la dedicatoria termina de la siguiente forma:

    Díganme Diego

    ¡Diego Korol! Al menos eso dice la firma :)

    Y, un libro difícil de encontrar, que conseguí por Internet y cuyo vendedor estaba a ocho cuadras de mi casa, no podía dejar de tener una sorpresa más.


    La estación

    En el taller de hoy expusimos nuestras tonalidades al recitar un cuento corto de Eduardo Galeano. Previa foto del Ferroclub de Remedios de Escalada, lo adjunto para que lo disfruten.

    ferroclub-23

    La estación

    Achával vivía lejos, a más de una hora de Buenos Aires.

    Cada mañana Acha subía al ferrocarril de las nueve para ir a trabajar. Subía siempre al mismo vagón y se sentaba en el mismo lugar.

    Frente a él viajaba una mujer. Todos los días, a las nueve y veinticinco, esa mujer bajaba por un minuto en una estación, siempre la misma, donde un hombre la esperaba parado siempre en el mismo lugar. La mujer y el hombre se abrazaban y se besaban hasta que sonaba la señal de salida. Entonces ella se desprendía y volvía al tren.

    Esa mujer se sentaba siempre frente a él, pero Acha nunca le escuchó la voz.

    Una mañana ella no vino y a las nueve y veinticinco Acha vio, por la ventanilla, al hombre esperando en el andén. Ella nunca más vino. Al cabo de una semana, también el hombre desapareció.

    De Días y noches de amor y de guerra


    Crea tu propia novela de Dan Brown en dos segundos

    El famoso escritor Dan Brown, creador de best sellers como El código Da Vinci, Ángeles y demonios (ambas llevadas a la pantalla grande) y La fortaleza digital, entre otros títulos, presentó su última obra, El símbolo perdido.

    Bien, hasta aquí, el párrafo perfecto y aséptico, digna de un cable de agencia de noticias. No leí ninguna de sus obras, y no faltan los detractores que consideran al señor Brown como un mediocre.
    “Claro, pone un par de frases en latín, una sociedad secreta y alguna conspiración presente en la imaginación colectiva. ¡Todo un oportunista!”, son las críticas más leves que escuché. En resumen, a Dan Brown se le achaca que hace novelas como un panadero que amasa facturas todos los días (con el total respeto que merecen los panaderos, ¡por supuesto!)

    Alguien tomó nota de esto y logró robarle la esencia clave de su inspiración, y creó el sitio “Crea tu propia novela de Dan Brown”. Sólo basta un nombre, apellido y una ciudad, y la maravillosa Internet creará un título que te sorprenderá, con un par de críticas de prestigiosos medios.

    Hagan la prueba que se van a divertir, se los aseguro yo, Carlos Sacaan.


    El amor es muy puto

    Sigo muy vago con mi blog. Podrí­a establecer una serie rigurosa de notables razones por las cuales no actualizo de forma periódica este sitio.

    Sueño, cansancio, trabajo, estudio. No son muy originales las excusas, pero sirven para salir de una forma elegante ante la curiosidad de cualquier individuo.

    - ¿Qué tal?
    - Todo bien.

    054

    Sin embargo, hay algo que me motiva a escribir unas lí­neas en este cuaderno de bitácoras, luego de descartar la opción de ir a dormir a una hora razonable. Es el título de este mensaje, que da comienzo a uno de los capítulos de “Corazones desatados”, de Jorge Fernández Díaz. Se los recomiendo.

    “El amor es muy puto, leía una y otra vez, tratando de asimilar cada palabra y de comprenderla cabalmente. Claro, se dijo, muy puto. No le gustaban las malas palabras, pero tení­a que admitir que no existía sinónimo en el castellano moderno para esa expresión soez. Podía decirse que el amor era resbaladizo, egoísta, maldito, cambiante, caprichoso y hasta perverso. Pero aun así nada definía tanto el hondo carácter del amor como la palabra puto, que no aludía a la prostitución ni a la homosexualidad, sino al filo inestable de un sentimiento que no aceptaba reglas, chantajes ni definiciones”.

    - Ajá, ¿y cómo te sentís?
    - Bien, muy bien.

    Respuestas comunes a preguntas comunes. No me pidan profundidad.


    El amor es una droga

    Este es un minipost para compartir un texto de Jorge Fernández Díaz, que forma parte de una recopilación de cuentos llamado Corazones Desatados. Lo comparto con ustedes, sin un copy and paste culposo.

    http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=945192

    Nos vemos mañana, o en el post siguiente.


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