La estación

En el taller de hoy expusimos nuestras tonalidades al recitar un cuento corto de Eduardo Galeano. Previa foto del Ferroclub de Remedios de Escalada, lo adjunto para que lo disfruten.

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La estación

Achával vivía lejos, a más de una hora de Buenos Aires.

Cada mañana Acha subía al ferrocarril de las nueve para ir a trabajar. Subía siempre al mismo vagón y se sentaba en el mismo lugar.

Frente a él viajaba una mujer. Todos los días, a las nueve y veinticinco, esa mujer bajaba por un minuto en una estación, siempre la misma, donde un hombre la esperaba parado siempre en el mismo lugar. La mujer y el hombre se abrazaban y se besaban hasta que sonaba la señal de salida. Entonces ella se desprendía y volvía al tren.

Esa mujer se sentaba siempre frente a él, pero Acha nunca le escuchó la voz.

Una mañana ella no vino y a las nueve y veinticinco Acha vio, por la ventanilla, al hombre esperando en el andén. Ella nunca más vino. Al cabo de una semana, también el hombre desapareció.

De Días y noches de amor y de guerra


El amor es una droga

Este es un minipost para compartir un texto de Jorge Fernández Díaz, que forma parte de una recopilación de cuentos llamado Corazones Desatados. Lo comparto con ustedes, sin un copy and paste culposo.

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=945192

Nos vemos mañana, o en el post siguiente.


Los momentos mas creativos

Dicen que los momentos mas creativos de las personas surgen en la noche. Y también en los momentos de mayor tristeza, donde uno da rienda suelta a cada uno de sus sentimientos

Estoy entristecido y no me veo creativo. Mas bien monóto. No dejo de pensar en ti. Y en todos los momentos creativos que lograbamos juntos. De dia, de noche y en los sueños tambien.

Al final de cuentas me doy cuenta de algo. Sólo tengo un momento creativo que se repite. Es buscar la forma de dejar de pensar solamente en ti, una y otra vez.


La noche y la mañana

La noche.

Cada dia que pasaba era un calvario. Era importante llorar lo suficiente para poder tocar fondo. Sola en medio del departamento, esa noche como todas las demas, intentaba llegar a esa instancia reparadora. Tocar fondo, con mis propias manos, despues de llorar sin parar para volver a impulsarse otra vez a la superficie. Mi alma se desgarraba una y otra vez, y no lograba entender por que se habia vuelto tan frio ultimamente.

Ojerosa y vestida de entrecasa, me voy al sillon a contemplar la habitacion. Eran las cinco de la mañana y aun quedaba media botella de Jameson en mi mano. Algunos muebles sutilmente cambiaron de posicion y los portarretratos con otras fotos. Radiante, alli estaba el, abrazado a su blonda acompañante. La misma ropa, el mismo perfume, las mismas canciones de amor. ¿Todo sigue igual para el? ¿Tan pocas cosas cambiaron en su vida para poder seguir viviendo con otra? ¿No entiende todo el dolor que llevo dentro? Leer el resto de esta entrada »


Dos rostros en el teatro de la vida

Ella se sentí­a fuerte y segura de sí­ misma. El trabajo le representaba desafí­os, no dificultades. Sus hijos, una compañí­a y no una carga. Durante muchos años los habí­a criado con mucho sacrificio, ante la ausencia de su marido. Muchas veces se preguntaba que serí­a de su vida: si tení­a una amante, si se habí­a olvidado de su familia. A pesar de lo desolador que le parecí­a el panorama, Beatriz siempre encontraba una fuente de energí­a extra para enfrentar el dí­a a dí­a. Empleados, clientes, proveedores, amigos, familiares, todos ellos formaban parte de su rutina diaria.

La lluvia golpeaba los vidrios del local. Por momentos, en su mente se presentaban recuerdos de una depresión. No tení­a demasiado tiempo para esos malos pensamientos, como solí­a calificarlos ante sus familiares mí¡s í­ntimos. La perdida de sueño, las pocas ganas de vivir, las angustias de comenzar otro dí­a, todas esas cosas habí­an quedado atrí¡s. Tal vez, un sí­ntoma pasajero. Tení­a la leve sensación que, quizí¡s, este invierno era un momento especial. Otra chance de superar todos sus miedos. Leer el resto de esta entrada »


Un martes 9

El martes estaba durmiendo plí¡cidamente hasta que mi perro Spot me despertó con su insoportable ladrido a las seis de la mañana. Es la hora en que  habitualmente me despierto mas tarde, eso sumado a que me duermo pasada la medianoche. El sueño ocupa un lugar importante en mi vida, pero este no es el motivo por el cual les paso a contar esta aní©cdota.

Suena insistentemente el timbre, y escucho que otro perro tambií©n estí¡ ladrando. Mierda, creo que estoy jodido. Spot encontró un amiguito con quien compartir las mañanas, y parece que el dueño de esa mascota esta en la puerta de mi casa. Sigue sonando el timbre y yo dando vueltas en la cama con mi musculosa blanca y el pantalón del pijama: vestido ridí­culamente. ¿Acaso uno va a alguna fiesta cuando duerme?

Como ya no soportaba mas la situación, sumado a mi malhumor matinal, decido de una buena vez acercarme a la puerta para ver de que se trata este alboroto. Cuando me asomo veo a una señora rubia, con la mirada perdida y su perro (o perra, vaya uno a saber a que genero pertenecí­a, viendo a la dueña). Le pregunto que necesita y me contesta:

- ¿Ací¡ vive Camilo, el dueño del puesto de diarios de la esquina?

Sí­, estoy jodido. Una señora a las seis de la mañana, con todo el aspecto de estar desvariada, preguntando por una persona que no vive en mi casa.

- No señora, ací¡ no vive ningíºn Camilo.

Cerrí© la puerta, furioso, pensando que insulto elegante, inteligente o ení©rgico podrí­a haberle respondido. Pero no volví­ a la puerta. Mirí© a Spot y, obediente, volvió al comedor para seguir durmiendo. Intente hacer lo mismo, mientras seguí­a pensando en las cosas que deberí­a haberle dicho a la pobre señora desvariada.


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