Dos rostros en el teatro de la vida


Ella se sentí­a fuerte y segura de sí­ misma. El trabajo le representaba desafí­os, no dificultades. Sus hijos, una compañí­a y no una carga. Durante muchos años los habí­a criado con mucho sacrificio, ante la ausencia de su marido. Muchas veces se preguntaba que serí­a de su vida: si tení­a una amante, si se habí­a olvidado de su familia. A pesar de lo desolador que le parecí­a el panorama, Beatriz siempre encontraba una fuente de energí­a extra para enfrentar el dí­a a dí­a. Empleados, clientes, proveedores, amigos, familiares, todos ellos formaban parte de su rutina diaria.

La lluvia golpeaba los vidrios del local. Por momentos, en su mente se presentaban recuerdos de una depresión. No tení­a demasiado tiempo para esos malos pensamientos, como solí­a calificarlos ante sus familiares mí¡s í­ntimos. La perdida de sueño, las pocas ganas de vivir, las angustias de comenzar otro dí­a, todas esas cosas habí­an quedado atrí¡s. Tal vez, un sí­ntoma pasajero. Tení­a la leve sensación que, quizí¡s, este invierno era un momento especial. Otra chance de superar todos sus miedos.

Los meses transcurrieron intensamente. Todo representaba un desafí­o, pero nunca lograba llegar a la meta. Tampoco le interesaba demasiado, disfrutaba del viaje. Cosí­a una camisa, pero luego debí­a preparar la cena. Mientras tanto, aquel programa de manualidades en la televisión le llamo demasiado la atención, mientras sintió olor a quemado. La cena se echó a perder, pero por suerte en media hora aun podí­a pasar por la rotiserí­a. Dos porciones de pollo relleno al horno, caseros y preparados por la dueña; con quien diariamente iba a yoga por las mañanas.

Se acercaba la primavera, y Beatriz se sentí­a radiante. No podrí­a creerse omnipotente por una humildad propia de sus orí­genes, pero si se sabia con coraje y fuerzas necesarias para enfrentar sus miedos mas í­ntimos. Se preguntaba si el próximo semestre serí­a como los anteriores años. ¿Volverí­an los malos pensamientos? ¿Las angustias la acompañarí­an durante el desayuno? ¿Las depresiones la tendrí­an en cama todo el dí­a?

Entraba a una nueva fase, conciente que sus problemas iban mas allí¡ de sus experiencias personales. Ni sus hijos, ni su marido, ni el trabajo. El mundo habí­a cambiado demasiado, y la soledad en la que se sentí­a sumida era demasiado grande. Tan grande como para hacer insignificante el cariño de quienes la amaban.

Casi resignada, levemente fijó su mirada en la nada. Incapaz de poder reproducir la alegrí­a o felicidad que produce la llegada de la primavera, Beatriz suspiró hondamente y se dispuso a enfrentar sus miedos. Otra vez mí¡s.

Imagen tomada de Stacibar98 http://www.flickr.com/photos/stacibar98/



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